Mi historia

Si tienes TDAH o eres un familiar que convive y padece las consecuencias de este trastorno, envíanos tu historia para que el mundo pueda entender este déficit y concienciarse.

 historia

No recuerdo bien cuando fue el momento en que empezaron a regañarme por todo. Frases como: ¡Estate quieto!, ¡No toques eso!, formaban parte de mi vida.

En preescolar, no me fue mal. La maestra me dejaba estar un poco a mi aire y sólo protestaba porque no le hacía caso y me negaba a recoger los juguetes.

En casa, se empezaron a hacer habituales mis travesuras: pintarle la azotea al vecino, llenar la freidora de agua o intentar enchufar un tostador metido en un lavabo con agua. No eran cosas que yo hiciese apropósito, sencillamente no pensaba en las consecuencias de todo aquello.

Tenía en aquel tiempo muchísimos juguetes, pero realmente, me entretenía más cuando sacaba todo de sus cajas, sencillamente me aburría cuando jugaba y a los cinco minutos lo que había abierto ya no me interesaba. Recuerdo de aquella época cómo me gustaba perderme en el supermercado y dedicarme a cambiar las cosas de su sitio y sobre todo recuerdo las rabietas que les hacía a papá y a mamá cuando no querían comprarme algo.

Mis problemas reales en el colegio empezaron cuando entré en primero. No sé por qué todo el mundo se empeñó en que tenía que aprender a leer y a escribir a fuerzas.

Ya no jugábamos en clase, todo era copiar y copiar letras y palabras. Fue entonces cuando comencé a llevar notas de la maestra a casa, un día sí y otro también. En las notas, mi maestra informaba a mis padres que no hacía nada en el salón, que me dedicaba a sacarle punta a los lápices y alborotaba a todos. Según la maestra, ella no tenía forma de hacerme entrar en razón, y menos teniendo a treinta niños más en la clase.

Todo el año transcurrió de la misma manera, en casa enfado tras enfado, porque no podía estarme quieto salvo cuando veía la televisión o jugaba a la computadora…

Cuando pasé a segundo las cosas se pusieron todavía peor…Mis cuadernos, según la maestra, daba pena verlos y, aunque a veces lo intentaba, mi trabajo de clase siempre estaba por detrás del resto. Empecé a quedarme castigado sin ir al recreo, por si así terminaba las tareas. La verdad es que mucho no me importaba porque tampoco jugaba en el patio. Mis compañeros decían que estropeaba siempre los juegos porque no sabía perder…Mis relaciones con los niños no eran buenas. La verdad es que me invitaban a muy pocos cumpleaños…

Cuando papa, a fuerza de amenazas, conseguía que terminase la tarea en casa, a veces, al llegar al salón, la maestra la tachaba porque estaba tan mal que apenas podía leerse, con lo cual el esfuerzo todavía me parecía más inútil…La señorita ya no aguantaba más, decía que tenía treinta niños en clase y que no podía estar encima de mi todo el tiempo, y que yo además me negara a trabajar.

Mis padres me llevaron al médico y me hicieron un montón de pruebas, ellos supieron que lo que me pasaba es que tenía Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad, que en realidad no hacía las cosas mal por querer hacerlas mal, sólo era que no podía hacerlas de otra forma. Empecé a visitar a Rocío, mi psicóloga y me recetaron una pastilla cada mañana.

De repente, fue como si empezases a tener ganas de hacer las cosas bien…De vez en cuando, una notita al margen decía: ¡Javi, lo estás haciendo muy bien!, y esa nota la leía despacito una y otra vez…

Esta noche cuando mamá vino a cobijarme, me dijo que para ella era yo una persona muy especial. Yo le contesté que no la entendía, pues casi todo me sale y ella simplemente ha dicho que era especial porque era yo y que eso era más que suficiente y que no importa que las cosas no siempre salgan bien…

No sé si algún día conseguiré tener tantos amigos como el resto de los niños de mi clase, pero por lo menos ahora sé que no soy malo, que hay gente que me quiere y cree en mí. A lo mejor me cuesta un poquito más de esfuerzo, pero ahora, quiero levantarme cada mañana pensado que si ayer no salieron del todo bien las cosas, hoy tengo una nueva oportunidad.

Fuente: http://zonapsicopedaggica.blogspot.com.es/2009/07/la-historia-de-javi-tdah.html

Decido lavar mi coche y cuando voy hacia el garaje, veo que hay correo en la mesa de la entrada.

Decido entonces revisar el correo antes de lavar el coche y dejo las llaves del coche sobre la mesa.

Echo a la papelera, que está debajo de la mesa, todo el correo publicitario y veo que la papelera está llena!!!

Decido entonces dejar las facturas sobre la mesa y vaciar primero la papelera, pero, entonces pienso que como voy a pasar por el buzón de correos, cuando saque a la basura la papelera puedo primero preparar el pago de las facturas.

Preparo mi talonario sobre la mesa, pero veo que no me queda más que un solo cheque. Mi otro talonario está en mi despacho, y al ir allí encuentro sobre la mesa una lata de Coca que había empezado a beber.

Pienso que, antes de nada, es necesario que quite de ahí la Coca, antes de que se caiga accidentalmente. Veo que está templada y decido meterla en el frigo para enfriarla.

Me dirijo a la cocina con la Coca y veo que el jarrón con las flores de la entrada necesita agua … Total, que al final del día: El coche no está lavado, las facturas no están pagadas, hay una Coca templada en la encimera de la cocina, las flores casi no tienen agua… Además, me doy cuenta de que hoy no he hecho nada y no comprendo nada, pues no he parado en todo el día y estoy completamente reventada!!!!

Fuente: http://in-ra.blogspot.com.es/2011/02/historia-de-una-adulta-con-tdah.html